Por no creer en la existencia de la perfección, como docente siempre me ha costado colocar la máxima calificación a mis estudiantes, aunque en ocasiones ha tocado hacerlo. Por supuesto, ello siempre depende del tipo de estrategia evaluativa que se esté aplicando y de los contenidos evaluados. He aquí, nuevamente, la relatividad de la vida.
Pareciera ser cierta aquella máxima que expresa “cada regla tiene su excepción”, muy a pesar de insistir que nadie posee el dominio de la verdad absoluta y mucho menos creemos en la existencia de la “perfección”, al menos “La Vida” la celebramos como lo más cercano a lo perfecto. Sobre todo, cuando vemos los nacimientos de nuevas vidas.
Tener un padre con 23 hijos, no se si es bueno, imagino que si. En nuestro caso, ser padre de cinco hijos e hijas y, en consecuencia, abuelo de ocho nietas y nietos es una bendición y una hermosa satisfacción. Dos varones y seis hembras que le dan la continuidad a la vida de este abuelo chocho y a la de todos mis hijos. Tres de los nietos de septiembre, del mismo mes de mi Padre y la menor, brindando honores con su nombre a la fertilidad y a la primavera que se ve por el mes de mayo, mes en que naciera mi Madre. Algo poético y natural habrá en todo esto.
En la vida, parafraseando a Whitman, nacer es tan natural como morir. Siempre apostamos a la Vida y a su continuidad en la Tierra. Siempre buscaremos su perfección, aunque nunca la encontremos ni alcancemos. Siempre la amaremos, por encima de todas las cosas. Y siempre estaremos prestos a acompañar la senda del amor, la fertilidad y la armonía de la naturaleza como única garantía de VIDA.
“Muero con los moribundos y nazco con los recién nacidos y soy algo más que lo existente entre mi sombrero y mis zapatos”. Walt Whitman