Muchos pensadores nos han hablado de lo corta que es la vida humana, algunos han afirmado saber poco o nada cuando ya están bastante avanzados en edad. En la medida que vivimos con fuerza, plenitud y aprovechando el tiempo al máximo, sentimos que la vida nos va enseñando tanto hasta empezar a reconocer que es mucho más lo que se quedará sin saber ni aprender.
Así, estaríamos transitando por fases donde creemos que estamos aprendiendo todo lo que necesitamos saber y que, por ello, no tienen nada más que enseñarnos; hasta que algunos nos atrevemos a reconocer lo que aún ignoramos y nos llena de incertidumbres que nos inducen a intentar descifrarlas para descubrir los nuevos e interesantes hallazgos que siempre esconde la vida en el universo.
Siempre existirán saberes y cosas ocultas y desconocidas que no siempre serán las mismas para todos. Cada uno tendrá sus propias incertidumbres, de las cuales compartiremos varias con algunos. Esta afirmación pudiera justificar la curiosidad presente en los seres humanos la cual, en ocasiones, pareciera estar mal o bien orientada. Eso no quita la importancia de la presencia de la curiosidad humana, porque esta es producto del reconocimiento de desconocimientos.
Ahora bien, sería pertinente promover la orientación de la curiosidad a la “acuciosidad” que permita desarrollar investigaciones adecuadas sobre hechos y realidades no muy visibles en su totalidad, para generar hallazgos que conduzcan a nuevos saberes válidos para la humanidad. Esto, siempre debe estar acompañado de la generación de opiniones dialógicas que se comuniquen y eduquen. Entre tanto seguiremos descubriendo tantas cosas por conocer que nos llenan de incertidumbres, nuevos caminos para la indagación e investigación para obtener nuevos hallazgos y seguir opinando.
“Escribe que algo queda” Kotepa Delgado